No solo de pan

Bienvenido a mi blog. De forma sencilla puedo decirte que para mí Jesucristo es la vida. Siempre le estaré agradecido por el día en que llegó a mi vida y me ayudó a creerle. Cada día encuentro en la oración y en sus enseñanzas aliento y dirección. Sé que un día estaré con él para siempre en el cielo. Espero que encuentres en las palabras que escribo inspiración para creerle y seguirle.

  • Leer más: FE EFICAZ

    Mateo 17:20

    La fe eficaz es la fe que cree a Dios, cree en quien es y en lo que puede hacer, por esto para esta fe nada es imposible y alcanza respuestas de Dios, Marcos 9:23. No es una fe basada en lo que podemos hacer sino en lo que Dios puede hacer. Y aun cuando no llegaren las respuestas sigue creyendo a Dios.

    Es la fe que viene de Dios mismo (Efesios 2:8), es Dios quien la pone en nuestro corazón. Y se produce y va creciendo en nuestra comunión con Jesucristo, porque de él viene la fe de Dios y él la perfecciona, Hebreos 12:2. La fe de Dios la cultivamos en nuestra vida de oración, Marcos 11:24; y sabemos que necesitamos la ayuda del Espíritu Santo de Dios para creer, Marcos 9:24.

    Es la fe que tiene entendimiento de la voluntad de Dios y pide y espera conforme a esa voluntad, Marcos 14:36; 1ª Juan 5:14,15. A pesar de las necesidades no es una fe egoísta, Santiago 4:3. Es la fe que conoce que Dios es justo y hace justicia y por eso persevera en lo que pide, Lucas 18:7,8.

    Es la fe que pide porque confía que Dios escucha y va a responder, Marcos 11:23, y espera la respuesta de Dios porque sabe que nada es imposible para Dios, Marcos 10:27.

    Es la fe que no teme enfrentar los obstáculos del propio corazón para así quitar todo lo que pueda impedir que venga la respuesta del Padre Celestial, Marcos 11:25,26.

  • Leer más: ORACIÓN PERSEVERANTE

    Lucas 1:13; Daniel 10:12

    Leamos también: Lucas 1:6; Santiago 5:13-18; Juan 9:31, 2º Crónicas 7:14,15.

    A. Corremos un gran riesgo si no perseveramos en la oración:
    Mateo 26:39-41. Sin orar somos blanco fácil del pecado y no podremos afrontar adecuadamente los momentos difíciles en el servicio.
    Jeremías 10:21. Sin orar también sufrirán aquellos que están bajo nuestra responsabilidad.

    B. Es Dios quien nos llama a comunicarnos con EL como prioridad en nuestro servicio en el Reino:
    Isaías 56:7. El acepta la oración, la comunicación.
    El deseo de Dios es la comunión: Mateo 21:13.
    La obra redentora de Jesús es el restablecimiento de esa comunión: 2ª Corintios 5:18.

    C. Oraciones de líderes por el pueblo de Dios:
    Samuel: 1º Samuel 7:9
    Salomón: 1º Reyes 9:3
    Elías: 1º Reyes 18:37
    Ezequías: 2º Reyes 19:19
    Josafat: 2º Crónicas 18:31
    Esdras: Esdras 8:23

    D. El liderazgo en la iglesia en el libro de los Hechos constituye un ejemplo a seguir en la oración. Fue el recurso utilizado para avanzar en medio de toda resistencia:
    Es el canal para la provisión del poder capacitador de lo alto: Hechos 1:14; Hechos 2 y Hechos 4:23-33.
    Abre nuestra visión a las oportunidades de Dios: Hechos 3 La sanidad del paralítico y la conversión de los cinco mil.
    Trae juicio contra los enemigos del avance del Reino de Dios: Hechos 12.
    Provee adecuadamente de obreros: Mateo 9:38; Lucas 6:12,13.

  • Leer más: DEDICAOS SERIAMENTE A LA ORACIÓN

    1ª Pedro 4:7

    El Señor nos da además el mejor de los consejos cuando se acerca el fin de algo y es que nos dediquemos seriamente a la oración.

    Cuando el fin de las cosas se acerca es cuando más tenemos que mantener nuestra comunión con el Señor.
    Pero no solo estamos hablando de orar porque sabemos que estamos en los tiempos finales y se acerca la segunda venida de Jesucristo. También tenemos que tomar esta exhortación a la oración cuando se acerca el fin de otras cosas, o cuando vemos el deterioro, la destrucción, o la confusión a nuestro alrededor.

    Cuando el propio mundo se destruye sufriendo tiempos convulsos, de calamidades, de incertidumbre, son tiempos donde hay que incrementar la oración.

    Cuando se acerque el fin de nuestra vida es cuando más tenemos que dedicarnos a la oración y asegurarnos de que nuestra relación con Jesucristo es correcta y estamos en paz.

    Y también cuando vemos que situaciones difíciles pueden estar intentando acabar con áreas de nuestras vidas o incluso con la fe y con la propia vida es cuando más tenemos que orar.

    Jesús es nuestro mayor ejemplo y pasó en oración sus últimas horas como ser humano libre antes de su final como ser humano en la tierra. Y su exhortación a los discípulos no deja lugar a dudas de lo importante de la oración en momentos extremos, Mateo 26:40.

    La oración, la comunión con Jesucristo, nos mantendrá en paz en medio de los sufrimientos de esta vida y en medio de las presiones de este mundo (que está influenciado por el maligno), porque Jesucristo ha vencido a todos los poderes que gobiernan este mundo (Juan 16: 33).

    La exhortación es a orar y a orar con perseverancia, disciplina y vigilancia. Es decir no nos cansemos de orar; oremos por todas las cosas que tenemos que orar, no solo por las cosas que nos interesen particularmente; y estemos atentos a cualquier circunstancia que ocurre en la iglesia para inmediatamente orar.
    Pero en momentos comprometidos, difíciles, finales, también la exhortación es a orar desde una vida sobria es decir lo contrario de ebria, que no estamos permitiendo que se confunda, mezcle, contamine con nada de este mundo.
    El llamamiento es a la oración desde una posición de fe en Dios a pesar de las mentiras de este mundo y desde una posición de santidad a pesar de la seducción de este mundo para aprovechar al máximo esta vida sin importar nada.

    Hay un llamamiento ineludible de parte de Dios a su pueblo, es el llamamiento a la oración.
    Fue el ejemplo que nos dio nuestro Señor y Salvador con su propia vida de oración y con su enseñanza “Vosotros pues oraréis así” Mateo 6: 9.
    Era el deseo de los seguidores de Jesús, “Señor, enséñanos a orar” Lucas 11: 1.
    Es lo que nos enseña el apóstol Pedro como acabamos de ver y es también lo que nos enseña el apóstol Pablo cuando nos dice: “Orad sin cesar” 1ª Tesalonicenses 5: 17.
    Y es lo que desde tiempos antiguos Dios pide a su pueblo, 2º Crónicas 7: 14 “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.”

  • Leer más: DIOS DE TODA CONSOLACIÓN

    2 Corintios 1:4

    El escritor, el apóstol Pablo, no quiere demostrar la existencia de Dios, él tiene la seguridad de su existencia. Tanto, que no comienza estas palabas con dudas o con quejas sino con gratitud y alabanza, bendiciendo a Dios.
    Y tampoco alberga ninguna duda de que Dios quiera y pueda ayudar. Para Pablo Dios es bueno, a pesar del sufrimiento en este mundo.
    Nos está dando estas palabras para que en nuestro sufrimiento nos atrevamos a explorar la vía de acercarnos a Dios, o de mantenernos unidos a Dios, con confianza y experimentarle. Dios es Dios pero no está tan alejado ni ausente como para no enterarse o importarle nuestro sufrimiento.

    Santiago también nos anima a acercarnos a Dios en la plena certeza y convicción que él tiene, de que si lo hacemos Dios se acercará a nosotros, Santiago 4:8.

    Dios es Padre de misericordias y nos da su consuelo cuando pasamos por tribulación. No hay tribulación para la que no tenga consuelo. No hay sufrimiento, sea cual sea su causa, del que no pueda compadecerse de nosotros y darnos su ayuda.

    Dios es Padre de Misericordia.
    El Padre Celestial es en sí mismo Misericordioso. Jesús cuando nos enseña del Padre Celestial dice que Él es Misericordioso, Lucas 6:36.
    En él nace la misericordia, sin él la misericordia no existiría. Dios está sentado en su trono y la carta a los Hebreos nos enseña que en ese Trono Celestial alcanzamos misericordia. Esa misericordia es nuestro oportuno socorro. Hebreos 4:16.
    Esta misericordia, este oportuno socorro, es tanto para el sufrimiento que nos provoca la vida en este mundo, como para el sufrimiento que nos provocamos a nosotros mismos por causa de nuestros errores.
    Dios es Padre de Misericordia por tanto no tenemos que convencerlo de que tenga misericordia de nosotros, solo tenemos que acercarnos confiadamente. Y ese acercamiento confiado solo es posible por la fe en Jesucristo, Hebreos 4:14. Como Jesús mismo dijo, no hay otro camino al Padre sino él, Juan 14:6.

    Dios es Dios de toda Consolación.
    Dice la carta a los Hebreos que Jesucristo experimentó todo como un ser humano y por eso se compadece de nuestras tribulaciones, de nuestras necesidades, de nuestras debilidades, Hebreos 4:15.
    Pero Jesucristo no solo sufrió sino que superó, venció, a este mundo de necesidad, tentación y maldad, Juan 16:33. Por esto podemos confiar en Jesús y él puede consolarnos en nuestras tribulaciones. No hay sufrimiento en el que no pueda consolarnos.
    Consuelo incluye ánimo, sanidad de la herida recibida en el alma y fuerza en el alma para seguir. Incluye consejo para no volver a caer en la misma trampa y para saber el camino que tomar. Incluye ayuda, la intervención de Dios, de alguna manera, en el asunto.

    En nuestros sufrimientos la mejor decisión, el mejor camino a tomar, es acercarnos en el Nombre de Jesús al Dios que tiene misericordia y nos dará consuelo.
    Primero revisemos como está nuestra fe y relación con Jesucristo. Si es necesario pongámonos a bien con él, pidamos perdón por nuestros pecados, pidamos ayuda para creerle y renovar nuestra relación con él.
    Luego acerquémonos al trono de gracia y misericordia y pidamos la ayuda que necesitamos. Dios nos consolará en nuestra tribulación.

    Tan convencido está el escritor Pablo de que de parte de Dios vendrá el consuelo, que nos anima e impulsa a ayudar a otros con el consuelo recibido. Sí, porque esa es la mejor manera de superar los sufrimientos, ayudar a otros a superar los suyos. Anunciemos a los que nos rodean y sufren que en nuestros sufrimientos encontramos la compasión y la ayuda de Dios.

  • Leer más: RELACIÓN Y ALIVIO

    Juan 17:3

    Salvación es relación. La salvación tiene lugar en nosotros cuando creemos en Jesús; en ese primer encuentro con Jesús, donde le conocemos por primera vez y comenzamos a mantener comunión con él. Al Padre le place que le conozcamos, no nos ha salvado para dejarnos solos. Jesús nos enseña que podemos llamar padre a Dios y que podemos tener relación con él; que podemos orar a él con la confianza no solo de que nos escucha sino de que está allí con nosotros, Mateo 6:6. Por creer en Jesús y recibirle como el Salvador somos hechos hijos de Dios (Juan 1:12), entramos a esa filiación con Dios, donde es nuestro Padre, para una relación que debe durar hasta el fin, hasta nuestra morada definitiva en el cielo. Y durante nuestra peregrinación por la vida en este mundo no estamos solos. No hemos sido salvados para ser dejados solos, no hemos sido dejado huérfanos, Juan 14:16-17. Salvación es nacer de nuevo y recibir la presencia en nuestro interior del Espíritu Santo. Para relacionarnos con él, para tener comunión con él, 2ª Corintios 13:14. Es en comunión con el Espíritu Santo que recibimos testimonio de que somos verdaderos hijos de Dios, Romanos 8:16; y seremos guiados por él para comportarnos como corresponde a haber sido hechos nuevos, Romanos 8:13,14. Y es el mismo Espíritu quien nos impulsa a la comunión con el Padre, Gálatas 4:6; y nos guiará con las enseñanzas de Aquel que es la Verdad y la Vida, nuestro Salvador Jesucristo, Juan 14:26.

    En nuestra comunión con el Señor es que encontramos verdadero alivio para toda nuestra vida. El alivio de saber que somos salvos de la condenación eterna, Juan 17:3. El alivio de saber que tengo lugar en el cielo, Juan 14:1,12. El alivio de la certeza de nuestra correcta relación con Dios, al haber conocido a Jesucristo, y de poder vivir una auténtica y fructífera vida a su servicio, Mateo 11:27-30. El alivio de saber que Dios Padre no es indiferente a mis necesidades y en mi comunión con él, poniéndolo en el centro de mi vida y voluntad, él cuidará de mí, Mateo 6:33. El alivio de saber que no estoy solo en este mundo de sufrimientos, Juan 14:25-28; 16:33. El alivio de que he recibido una nueva vida que es conducida hacia una plenitud que nadie me puede dar, Juan 10:10,16:24.

    Salvación es relación, y relación es verdadero alivio.

  • Leer más: LA ROCA

    Mateo 16:18

    Jesucristo dijo que sería él quien edificaría su iglesia; no hay otro que pueda hacerlo por cuanto solo él es Emanuel, el Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, el Cordero de Dios y Salvador. Y no hay otros, sino los que en él son sus colaboradores, los que trabajan. Ciertamente unos plantarán y otros regarán pero solo él dará el crecimiento (1ª Corintios 3:6-9). Trabajo que harán los obreros del Señor y siempre sobre el único fundamento que es Jesucristo (1ª Corintios 3:11), porque si no, ese trabajo no prevalecerá.

    Sin duda es su iglesia y de nadie más. Jesucristo es la Roca (1ª Corintios 10:4). Y es sobre esta Roca, eterna, firme e indestructible, que es él, que se edifica la iglesia. La Roca de su encarnación; de su vida plena de comunión con el Padre, santidad, verdad y amor; de su sacrificio y muerte vicarios; y de su resurrección, victoria y entronización celestial; todos los cuales ya nadie jamás podrá evitar, mover o deshacer. Jesucristo ha vencido. Ha vencido al mundo, al de pecado, maldición y condenación; ha vencido, despojando y humillando al diablo y sus huestes de maldad, quedando destinados al infierno eterno; y ha vencido a la muerte, que no lo pudo retener. La muerte no vencerá a la verdadera iglesia de Jesucristo.

    Iglesia que son los que confiesan a este Jesús como el Hijo del Dios Viviente y Cristo, haciéndose así tan firmes como una roca, y siendo construidos de forma estable y duradera, piedras vivas del edificio santo (1ª Pedro 2:4,5,9), de tal manera que sobre ellos no vencerá la condenación ni la muerte sino que estarán para siempre en el cielo con el Señor que los salvó. Bendita por siempre la Roca de nuestra salvación, Jesucristo.

  • Leer más: MADUREZ Y HABITOS

    Efesios 4:14-15

    Necesitamos crecer en la nueva vida que hemos recibido. Esto significa que necesitamos madurar espiritualmente. Pero para madurar necesitamos adquirir ciertos hábitos que nos ayuden.

    MADUREZ ESPIRITUAL
    Colosenses 4:12. La madurez espiritual es ser como Jesucristo; es ser un verdadero discípulo de Jesucristo.
    Cuando conocemos a Jesús aprendemos que somos amados incondicionalmente. Al avanzar en nuestra vida como cristianos, es importante seguir creciendo en nuestro conocimiento de Dios y su Palabra.

    Ser amados y ser maduros son dos cosas diferentes, Romanos 8:29. Dios te ama, pero quiere que crezcas, que madures espiritualmente; quiere producir en ti cambios necesarios para que puedas disfrutar tu nueva vida y también para que sirvas de ayuda a otros.

    ¿Cuáles son algunas verdades sobre la madurez espiritual? No es automática. Es un proceso. Requiere una decisión personal de tener disciplina.
    Ser un discípulo no es sólo creer en Jesús sino querer ser más como él. Esto nos habla de un proceso en el cual siempre podemos seguir haciendo mejoras para el bien de nuestra vida y de todo lo que hacemos.
    Tu fe en Dios, tu perseverancia en la Palabra de Dios (creerla y ponerla en práctica) y tu perseverancia en congregarte, cambiará tu vida. Porque Dios, y su Palabra, hará esa obra maravillosa en ti; tomarás para tu vida decisiones acertadas y la diferencia será evidente, Hechos 11:26.
    Si no abandonas el proceso de ser un discípulo, es decir de madurar en tu fe, más disfrutarás la vida plena y más Dios podrá usarte.

    HABITOS DE UN DISCIPULO
    Colosenses 3:9,10. Debes comprometerte a los hábitos necesarios para la madurez espiritual. La definición de hábito es el modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes.

    Los hábitos básicos de un discípulo son el estudio de la Biblia, la oración, el compañerismo con los creyentes, la vida dirigida por el Espíritu Santo, servir al Señor, dar, compartir el evangelio.