Hechos 1:8
La misión de Dios trata del corazón de amor de Dios, porque de tal manera ama Dios a las personas que ha dado a su Hijo por ellas. La misión de Dios trata de lo más importante que es la salvación de las personas, que ninguna se pierda, Juan 3:16.
Los redimidos por Jesucristo y hechos hijos de Dios somos llamados a ser testigos de quien nos ha salvado, testigos de Jesucristo: Lucas 24:48.
Dios quiere que seamos colaboradores en su misión, que no es otra que la salvación de las personas. Para esto vino Jesús, para salvar, Lucas 19:10.
Somos testigos y colaboradores ENVIADOS POR DIOS.
Es Dios quien nos envía; y si nos envía es que podemos ir. Todos podemos ir a contar de nuestro Dios y Salvador, que se ha hecho real a nosotros, 1ª Pedro 2:9,10.
Podemos anunciar a Dios porque hemos vivido la experiencia de la salvación, de ser hechos nuevos.
Podemos anunciar a Dios porque vivimos experiencias del amor de Dios en infinitos detalles de su cuidado.
Podemos anunciar a Dios porque tenemos experiencias de su poder ayudándonos en muchas de nuestras necesidades.
Somos testigos y colaboradores enviados EN EL PODER DE DIOS.
Es la obra de Dios y debe de hacerse con los recursos de Dios. Es por esto que nos enseña que no vayamos a hacer su obra sin el poder que él mismo nos da, Lucas 24:49.
Somos testigos y colaboradores enviados A LA HUMANIDAD DE DIOS.
Allí donde haya una persona que no conoce la salvación de Dios es donde debemos de estar de misión. Entonces la misión de Dios se hace cerca y se hace lejos.
Somos testigos y colaboradores enviados a SEMBRARNOS.
El creyente en Jesucristo que va a sembrar el mensaje de salvación se está sembrando a sí mismo, porque no solo siembra palabras sino que también se siembra a sí mismo, su comportamiento y sus hechos.
Pero hay una condición para que la siembra de fruto: morir, Juan 12:24.
Morir es dar, dar todo lo posible para alcanzar el objetivo de que otros conozcan la salvación en Jesucristo, Lucas 15:8.
Somos testigos y colaboradores llamados a AMAR.
Dios nos está llamando a vivir amándole a él y vivir apasionados por la salvación.
Esto tiene que ver con el mandamiento que nos da Jesús de amarnos como él nos amó, Juan 13:34.
Este mandamiento de amar es el mayor de los mandamientos y tiene que ver con la salvación porque trata de amar al que tenemos al lado y puede que el de al lado no conozca a Jesucristo, Mateo 22:36-39.
