2ª Timoteo 1:9
Llamados a creer a Jesucristo.
Jesús nos busca porque sin él estamos perdidos, Lucas 19:10.
Jesús ha venido para salvar nuestras almas, Lucas 9:56.
El que cree en Jesús no se pierde sino que tiene vida eterna, Juan 3:16; 17:3.
El que no cree en Jesús es condenado, Juan 3:17,18.
El que cree a Jesús y acepta su salvación es hecho hijo de Dios, Juan 1:12, porque el que no cree a Jesús es creación de Dios pero no hijo.
El que cree a Jesús nace de nuevo como hijo de Dios y entra al reino de Dios, los que no nacen de nuevo son creación de Dios y no entran al reino de Dios, Juan 3:3,5.
Al creer en Jesús somos trasladados del reino de satanás, quien nos tenía cautivos, al reino de Jesús, Colosenses 1:13; 2 Timoteo 2:25,26.
A los hijos de Dios el maligno no les toca, 1º Juan 5:18.
Al creer en Jesús nuestros pecados son perdonados, porque sólo él puede perdonar pecados, Lucas 5:24, Efesios 1:7.
Y somos hechos libres del poder del pecado, Juan 8:34,36.
Porque el pecado nos separa de Dios y nos conduce a la condenación, Romanos 3:23; 6:23.
Llamados a permanecer en Jesucristo.
El que permanece en la fe hasta el fin es salvo, Mateo 24:13.
El que permanece en Jesucristo conoce la verdad, permanece libre y es considerado su discípulo, Juan 8:31,32.
El que permanece lleva fruto, Juan 15:5, y su vida agrada a Dios, Juan 15:8; Hebreos 10:38.
El que permanece pide y recibe, Juan 15:7.
El que no permanece en Jesús, aunque gane todo el mundo, puede perder su salvación, Mateo 16:25 27; Lucas 12:5;19-21; Hebreos 10:39.
El que no permanece en Jesucristo terminará en el fuego eterno, Juan 15:6.
El que no permanece en Jesús vuelve a ser esclavo del pecado y puede perder su condición de ser hijo de Dios, Juan 8:34,35.
El que no permanece en Jesús puede volver a caer en manos del enemigo, Lucas 11:24-26.
El que no permanece en Jesús puede acarrear sufrimientos a su vida, Juan 5:14.
Llamados a ser discípulos.
Para continuar con su misión de predicar el evangelio y hacer discípulos, Marcos 16:15; Mateo 28:19.
Para ser luz y sal en este mundo, por medio de nuestro comportamiento, buenas obras y palabras, Mateo 5:13-16.
Para ocupar nuestro lugar en el cuerpo de Cristo y ejercer nuestra función ayudando así al crecimiento del cuerpo, Efesios 4:15,16.
