Isaías 57:14,15
Dios es el Alto; nadie ni nada mayor, ni grande, ni poderoso que él en todos los aspectos. Todo es inferior y por debajo de quien ha creado todo y solo por él tiene existencia.
Es el Sublime; nadie, ni nada más precioso que él, ni nadie hacedor de maravillas, aun desde la nada, sino él. Suya es la hermosura y la belleza. Y todo lo que hace es buen en gran manera.
Dios habita la eternidad porque es Siempre Eterno, increado y auto existente; Él Es, es la esencia, la identidad, la plenitud y la vida.
Su nombre es Santo; es perfecto, la Verdad, la Justicia, el Bien. Inmutable, no cambia. En él no hay mentira ni error, ni maldad. Siempre y totalmente confiable. Santo en esa exclusiva santidad de Dios que es a la vez Amor y en él se dan la Justicia y Misericordia.
Cómo llegaran nuestras oraciones; cómo llegaran nuestra alabanza y gratitud, cómo llegará nuestra ofrenda y cómo nuestro servicio dará fruto para el Señor.
Limpiemos el camino y quitemos los tropiezos.
Esto será en quebranto y humildad interior, de corazón. No será de otra forma, por excelente que nos compongamos externamente.
El humilde. Que reconoce la preeminencia de Dios absolutamente y siempre, en todo; abre su corazón totalmente en honestidad, y se entrega en obediencia y servidumbre.
El quebrantado. Que reconoce la presión y necesidad; y en dependencia del que ama y todo lo puede, le busca con prioridad y en confianza.
Y Dios que quiere y puede, vivificará nuestras vidas. Ese es su deseo.
Fortalecer nuestro ánimo; levantarnos si hemos caído; restaurar lo que haya sido dañado.
