No solo de pan

Bienvenido a mi blog. De forma sencilla puedo decirte que para mí Jesucristo es la vida. Siempre le estaré agradecido por el día en que llegó a mi vida y me ayudó a creerle. Cada día encuentro en la oración y en sus enseñanzas aliento y dirección. Sé que un día estaré con él para siempre en el cielo. Espero que encuentres en las palabras que escribo inspiración para creerle y seguirle.

  • Leer más: DIOS DE TODA CONSOLACIÓN

    2 Corintios 1:4

    El escritor, el apóstol Pablo, no quiere demostrar la existencia de Dios, él tiene la seguridad de su existencia. Tanto, que no comienza estas palabas con dudas o con quejas sino con gratitud y alabanza, bendiciendo a Dios.
    Y tampoco alberga ninguna duda de que Dios quiera y pueda ayudar. Para Pablo Dios es bueno, a pesar del sufrimiento en este mundo.
    Nos está dando estas palabras para que en nuestro sufrimiento nos atrevamos a explorar la vía de acercarnos a Dios, o de mantenernos unidos a Dios, con confianza y experimentarle. Dios es Dios pero no está tan alejado ni ausente como para no enterarse o importarle nuestro sufrimiento.

    Santiago también nos anima a acercarnos a Dios en la plena certeza y convicción que él tiene, de que si lo hacemos Dios se acercará a nosotros, Santiago 4:8.

    Dios es Padre de misericordias y nos da su consuelo cuando pasamos por tribulación. No hay tribulación para la que no tenga consuelo. No hay sufrimiento, sea cual sea su causa, del que no pueda compadecerse de nosotros y darnos su ayuda.

    Dios es Padre de Misericordia.
    El Padre Celestial es en sí mismo Misericordioso. Jesús cuando nos enseña del Padre Celestial dice que Él es Misericordioso, Lucas 6:36.
    En él nace la misericordia, sin él la misericordia no existiría. Dios está sentado en su trono y la carta a los Hebreos nos enseña que en ese Trono Celestial alcanzamos misericordia. Esa misericordia es nuestro oportuno socorro. Hebreos 4:16.
    Esta misericordia, este oportuno socorro, es tanto para el sufrimiento que nos provoca la vida en este mundo, como para el sufrimiento que nos provocamos a nosotros mismos por causa de nuestros errores.
    Dios es Padre de Misericordia por tanto no tenemos que convencerlo de que tenga misericordia de nosotros, solo tenemos que acercarnos confiadamente. Y ese acercamiento confiado solo es posible por la fe en Jesucristo, Hebreos 4:14. Como Jesús mismo dijo, no hay otro camino al Padre sino él, Juan 14:6.

    Dios es Dios de toda Consolación.
    Dice la carta a los Hebreos que Jesucristo experimentó todo como un ser humano y por eso se compadece de nuestras tribulaciones, de nuestras necesidades, de nuestras debilidades, Hebreos 4:15.
    Pero Jesucristo no solo sufrió sino que superó, venció, a este mundo de necesidad, tentación y maldad, Juan 16:33. Por esto podemos confiar en Jesús y él puede consolarnos en nuestras tribulaciones. No hay sufrimiento en el que no pueda consolarnos.
    Consuelo incluye ánimo, sanidad de la herida recibida en el alma y fuerza en el alma para seguir. Incluye consejo para no volver a caer en la misma trampa y para saber el camino que tomar. Incluye ayuda, la intervención de Dios, de alguna manera, en el asunto.

    En nuestros sufrimientos la mejor decisión, el mejor camino a tomar, es acercarnos en el Nombre de Jesús al Dios que tiene misericordia y nos dará consuelo.
    Primero revisemos como está nuestra fe y relación con Jesucristo. Si es necesario pongámonos a bien con él, pidamos perdón por nuestros pecados, pidamos ayuda para creerle y renovar nuestra relación con él.
    Luego acerquémonos al trono de gracia y misericordia y pidamos la ayuda que necesitamos. Dios nos consolará en nuestra tribulación.

    Tan convencido está el escritor Pablo de que de parte de Dios vendrá el consuelo, que nos anima e impulsa a ayudar a otros con el consuelo recibido. Sí, porque esa es la mejor manera de superar los sufrimientos, ayudar a otros a superar los suyos. Anunciemos a los que nos rodean y sufren que en nuestros sufrimientos encontramos la compasión y la ayuda de Dios.

  • Leer más: RELACIÓN Y ALIVIO

    Juan 17:3

    Salvación es relación. La salvación tiene lugar en nosotros cuando creemos en Jesús; en ese primer encuentro con Jesús, donde le conocemos por primera vez y comenzamos a mantener comunión con él. Al Padre le place que le conozcamos, no nos ha salvado para dejarnos solos. Jesús nos enseña que podemos llamar padre a Dios y que podemos tener relación con él; que podemos orar a él con la confianza no solo de que nos escucha sino de que está allí con nosotros, Mateo 6:6. Por creer en Jesús y recibirle como el Salvador somos hechos hijos de Dios (Juan 1:12), entramos a esa filiación con Dios, donde es nuestro Padre, para una relación que debe durar hasta el fin, hasta nuestra morada definitiva en el cielo. Y durante nuestra peregrinación por la vida en este mundo no estamos solos. No hemos sido salvados para ser dejados solos, no hemos sido dejado huérfanos, Juan 14:16-17. Salvación es nacer de nuevo y recibir la presencia en nuestro interior del Espíritu Santo. Para relacionarnos con él, para tener comunión con él, 2ª Corintios 13:14. Es en comunión con el Espíritu Santo que recibimos testimonio de que somos verdaderos hijos de Dios, Romanos 8:16; y seremos guiados por él para comportarnos como corresponde a haber sido hechos nuevos, Romanos 8:13,14. Y es el mismo Espíritu quien nos impulsa a la comunión con el Padre, Gálatas 4:6; y nos guiará con las enseñanzas de Aquel que es la Verdad y la Vida, nuestro Salvador Jesucristo, Juan 14:26.

    En nuestra comunión con el Señor es que encontramos verdadero alivio para toda nuestra vida. El alivio de saber que somos salvos de la condenación eterna, Juan 17:3. El alivio de saber que tengo lugar en el cielo, Juan 14:1,12. El alivio de la certeza de nuestra correcta relación con Dios, al haber conocido a Jesucristo, y de poder vivir una auténtica y fructífera vida a su servicio, Mateo 11:27-30. El alivio de saber que Dios Padre no es indiferente a mis necesidades y en mi comunión con él, poniéndolo en el centro de mi vida y voluntad, él cuidará de mí, Mateo 6:33. El alivio de saber que no estoy solo en este mundo de sufrimientos, Juan 14:25-28; 16:33. El alivio de que he recibido una nueva vida que es conducida hacia una plenitud que nadie me puede dar, Juan 10:10,16:24.

    Salvación es relación, y relación es verdadero alivio.

  • Leer más: LA ROCA

    Mateo 16:18

    Jesucristo dijo que sería él quien edificaría su iglesia; no hay otro que pueda hacerlo por cuanto solo él es Emanuel, el Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, el Cordero de Dios y Salvador. Y no hay otros, sino los que en él son sus colaboradores, los que trabajan. Ciertamente unos plantarán y otros regarán pero solo él dará el crecimiento (1ª Corintios 3:6-9). Trabajo que harán los obreros del Señor y siempre sobre el único fundamento que es Jesucristo (1ª Corintios 3:11), porque si no, ese trabajo no prevalecerá.

    Sin duda es su iglesia y de nadie más. Jesucristo es la Roca (1ª Corintios 10:4). Y es sobre esta Roca, eterna, firme e indestructible, que es él, que se edifica la iglesia. La Roca de su encarnación; de su vida plena de comunión con el Padre, santidad, verdad y amor; de su sacrificio y muerte vicarios; y de su resurrección, victoria y entronización celestial; todos los cuales ya nadie jamás podrá evitar, mover o deshacer. Jesucristo ha vencido. Ha vencido al mundo, al de pecado, maldición y condenación; ha vencido, despojando y humillando al diablo y sus huestes de maldad, quedando destinados al infierno eterno; y ha vencido a la muerte, que no lo pudo retener. La muerte no vencerá a la verdadera iglesia de Jesucristo.

    Iglesia que son los que confiesan a este Jesús como el Hijo del Dios Viviente y Cristo, haciéndose así tan firmes como una roca, y siendo construidos de forma estable y duradera, piedras vivas del edificio santo (1ª Pedro 2:4,5,9), de tal manera que sobre ellos no vencerá la condenación ni la muerte sino que estarán para siempre en el cielo con el Señor que los salvó. Bendita por siempre la Roca de nuestra salvación, Jesucristo.

  • Leer más: MADUREZ Y HABITOS

    Efesios 4:14-15

    Necesitamos crecer en la nueva vida que hemos recibido. Esto significa que necesitamos madurar espiritualmente. Pero para madurar necesitamos adquirir ciertos hábitos que nos ayuden.

    MADUREZ ESPIRITUAL
    Colosenses 4:12. La madurez espiritual es ser como Jesucristo; es ser un verdadero discípulo de Jesucristo.
    Cuando conocemos a Jesús aprendemos que somos amados incondicionalmente. Al avanzar en nuestra vida como cristianos, es importante seguir creciendo en nuestro conocimiento de Dios y su Palabra.

    Ser amados y ser maduros son dos cosas diferentes, Romanos 8:29. Dios te ama, pero quiere que crezcas, que madures espiritualmente; quiere producir en ti cambios necesarios para que puedas disfrutar tu nueva vida y también para que sirvas de ayuda a otros.

    ¿Cuáles son algunas verdades sobre la madurez espiritual? No es automática. Es un proceso. Requiere una decisión personal de tener disciplina.
    Ser un discípulo no es sólo creer en Jesús sino querer ser más como él. Esto nos habla de un proceso en el cual siempre podemos seguir haciendo mejoras para el bien de nuestra vida y de todo lo que hacemos.
    Tu fe en Dios, tu perseverancia en la Palabra de Dios (creerla y ponerla en práctica) y tu perseverancia en congregarte, cambiará tu vida. Porque Dios, y su Palabra, hará esa obra maravillosa en ti; tomarás para tu vida decisiones acertadas y la diferencia será evidente, Hechos 11:26.
    Si no abandonas el proceso de ser un discípulo, es decir de madurar en tu fe, más disfrutarás la vida plena y más Dios podrá usarte.

    HABITOS DE UN DISCIPULO
    Colosenses 3:9,10. Debes comprometerte a los hábitos necesarios para la madurez espiritual. La definición de hábito es el modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes.

    Los hábitos básicos de un discípulo son el estudio de la Biblia, la oración, el compañerismo con los creyentes, la vida dirigida por el Espíritu Santo, servir al Señor, dar, compartir el evangelio.

  • Leer más: POR EL GOZO QUE TENEMOS DELANTE

    Mateo 20:17-19

    Jesús no dudó en seguir adelante hacia la culminación de la obra que le había sido dada, la entrega de su vida en sacrificio para la salvación de muchos, Marcos 10:45; el derramamiento de su sangre para remisión de los pecados, Mateo 26:28.

    Jesús siguió adelante en su camino a Jerusalén donde había de cumplirse el plan de salvación, aun sabiendo el terrible sufrimiento que le esperaba, Lucas 22:42. Lo hizo por el fruto que vendría de su siembra y por el gozo puesto delante de él. Es el gozo de la salvación de muchos lo que le llevó a ir voluntariamente a la cruz a dar su vida, Juan 10:17,18; porque para Jesucristo ese fruto merecía las aflicciones por las que había de pasar, Isaías 53:11. Y es el gozo de volver a recibir la gloria que tuvo junto al Padre, sentándose a la diestra del poder de Dios, Hebreos 12:2; Mateo 26:64.

    Ahora nosotros, los que hemos sido salvos, los que hemos recibido el perdón de pecados y hemos sido reconciliados con el Padre, también tenemos un fruto y un gozo puesto delante, y es el de llevar el evangelio a los que todavía no conocen a Jesucristo. Es por el gozo de ver ese fruto que nos lanzamos a esforzarnos y trabajar para el Señor de la mies.
    Queremos ser parte de esos obreros que el Señor de la mies envía a su mies, Mateo 9:37,38.

  • Leer más: CRECIENDO EN ESTE MUNDO A LA IMAGEN DE JESÚS

    Mateo 5:48

    El Señor Jesucristo vino para redimirnos, rescatarnos, de esta vida caída que tenemos y por la cual estamos condenados a la separación eterna de quien nos creó a su imagen y semejanza.
    Él nos da nueva vida colocando sobre nosotros su justicia por lo que podemos ser aceptados como justos por Dios el Padre y ser adoptados por él como hijos suyos.
    El precio que paga Jesucristo para redimirnos, justificarnos, regenerarnos y adoptarnos, es su propia vida. Su vida perfecta, de comunión con el Padre, obediencia a sus mandamientos, santidad y amor, hasta entregarla a la muerte.
    Es el único pago válido para Dios, porque es el único pago que satisface su justicia por causa del pecado del ser humano.
    Es el único pago válido para Dios, porque es el único pago que satisface su amor por todos los seres humanos.

    Pero ahora, como redimidos, salvos, e hijos de Dios, Jesucristo nos llama a una mayor justicia, nos llama a una verdadera vida de rectitud, nos llama a crecer a la imagen que Dios nos dio y que perdimos por causa del pecado.

    Porque esta es la vida que tenemos que vivir los hijos de Dios, porque otra vida nos sumergiría de nuevo en el pecado con el terrible peligro de romper nuestra filiación con el Padre y hacernos de nuevo esclavos del pecado.
    Porque esta es la vida que tenemos que vivir los hijos de Dios, porque otra vida no serviría para diferenciarnos de los que no creen y con esa diferencia darles testimonio de la maravillosa obra de Dios en nosotros.
    Porque esta es la vida que tenemos que vivir los hijos de Dios, porque otra vida no sería abundante y plena por cuanto estaría separada de Aquel que es la plenitud que es Jesucristo.

    Y es posible crecer hacia esta plenitud, hacia esta perfección, hacia ser más como Jesús en medio de este mundo lleno de buenos y malos.
    Lo podemos hacer porque él creció y vivió conforme a la voluntad del Padre. Él venció a este mundo para otorgarnos a nosotros su victoria.
    Lo podemos hacer usando sus enseñanzas. No es lo que otros dijeron y digan, no es lo que yo piense o quiera, sino que es lo que Jesús enseña. Y sus enseñanzas son vida y poder y sirven para edificarnos de forma verdaderamente libre, solida, segura y capacitada.
    Lo podemos hacer porque tenemos un Ayudador que es el Espíritu Santo.

  • Leer más: ANDAR CONFORME AL ESPÍRITU

    Gálatas 5:16

    Dios quiere tu crecimiento y tu avance. Él sigue haciendo su buena obra en ti, Filipenses 1:6. Y si nosotros nos cansamos o no entendemos, Dios nunca se cansa no se duerme, Isaías 40:28,29.

    El enemigo no quiere tu crecimiento ni tu avance pero no puede hacer nada porque está vencido como dijo Jesús: Juan 16:33.

    Dios quiere tu crecimiento y sigue haciendo su buena obra, el enemigo está vencido, entonces el crecimiento y el avance van a depender de que no nos pongamos techos con nuestra propia vida, con nuestra forma de vivir. Romanos 8:1,2.

    Gálatas 2:20. Si estoy en Cristo Jesús es que he entendido y creído el mensaje de la cruz. En la cruz murió Jesucristo llevando sobre sí mismo mi pecado, 1ª Pedro 2:24. Es allí en la cruz donde yo quedo crucificado es decir mi vieja vida de pecado queda crucificada, y es allí en la cruz donde yo nazco de nuevo es decir recibo una nueva vida para vivirla en rectitud. Es únicamente por medio de la obra de la cruz de Jesucristo que tengo nueva vida como hijo de Dios, como oveja del Señor 1ª Pedro 2:25. Así que aceptar a Cristo como Salvador es aceptar que ya no vivo yo sino que vive el nuevo yo en Cristo.

    Gálatas 5:16,17. Si decimos que somos de Cristo entonces tenemos el Espíritu de Cristo y el Espíritu de Dios mora en nosotros; y ya no vivimos según la carne sino que vivimos según el Espíritu, Romanos 8:9.

    Vivir conforme a Cristo Jesús es vivir según el Espíritu, es andar en el Espíritu, es obedecer al Espíritu Santo. Vivir según el Espíritu es vida y paz, Romanos 8:6.
    Vivir según la carne es muerte, Romanos 8:6, porque es entristecer al Espíritu Santo que vive en nosotros y que es la única garantía para nuestra salvación Efesios 4:30; es enemistad contra Dios, Romanos 8:7; es vivir sin poder agradar a Dios, Romanos 8:8.
    Vivir conforme a Cristo Jesús es decir no a los deseos de nuestra naturaleza carnal, es despojarme de esas actitudes viciadas de la vieja naturaleza, Efesios 4:22.

    ¿Cómo andar conforme al Espíritu? Si pienso en las cosas del Espíritu (Romanos 8:5) y luego me ocupo en obedecer al Espíritu (Romanos 8:6) entonces venceré los deseos de mi naturaleza carnal (Romanos 8:13). Es el Espíritu Santo quien me ayuda a obedecerle y no obedecer mis pensamientos y mis deseos que sean conforme a la carne y contra el Espíritu. Por eso es necesario vivir pidiendo constantemente ser lleno del Espíritu (Efesios 5:18).

    Gracias Dios porque me has dado vida por tu Espíritu, por la fe en Cristo Jesús, Gálatas 3:2,14. Ayúdame a andar también por el Espíritu, Gálatas 5:25. Quiero ser guiado y capacitado por tu Espíritu para continuar y terminar bien mi carrera, no usando esfuerzos puramente humanos, Gálatas 3:3.

    Gracias porque el Espíritu de tu Hijo Jesucristo vive en mi interior y puedo ser tu hijo y llamarte Padre; gracias porque tu Espíritu me ayuda a mantener relación contigo, Gálatas 4:6. Me ha librado de toda esclavitud y me ha hecho heredero.

    Toda la obra que el Espíritu hace en mí y todos los milagros que puedo recibir es por la fe en su palabra y por recibir cada mensaje de su palabra con fe, Gálatas 3:5. Y es por su Espíritu que tengo esperanza de su obra de verdad y justicia ahora y en la vida venidera. Gálatas 5:5.

    Te pido que me ayudes a no satisfacer las obras de la carne, Gálatas 5:16.
    Quiero sembrar para el Espíritu, Gálatas 6:8; y dar el fruto del Espíritu, Gálatas 5:22.