Mateo 7:2-5
Estamos llamados, por el mismo que nos salvó, a crecer a la medida de su estatura.
No podemos aplicar otra medida a nuestra vida ni debemos exigir a otros el crecimiento hacia otra medida que no sea la de la estatura de Jesús.
Si enseñamos a otros a crecer en Jesús será porque nosotros también estamos creciendo. Y si juzgamos el crecimiento de otros, aprobando o desaprobando, tengamos en cuenta el aplicarnos a nosotros mismos los criterios con los que vamos a aprobar o desaprobar el crecimiento de los demás. Si señalamos sus faltas a otros es porque nosotros ya nos hemos limpiados de esa suciedad y ahora nos disponemos a hacer misericordia recordando que si queremos seguir firmes miremos con atención no caer nosotros mismos.
Más bien usemos nuestro crecimiento para bendecir y no para juzgar. Usemos el fruto que da nuestro esfuerzo para enseñar a otros a esforzarse de tal manera que den fruto.
Usemos las superaciones de nuestros obstáculos para enseñar a otros a superar los suyos. Usemos las victorias en nuestras debilidades para ayudar a otros a vencer. No excluyamos, perdonemos, y ayudemos, porque entonces estamos calificando para recibir, Lucas 6:37,38.
