No solo de pan

Bienvenido a mi blog. De forma sencilla puedo decirte que para mí Jesucristo es la vida. Siempre le estaré agradecido por el día en que llegó a mi vida y me ayudó a creerle. Cada día encuentro en la oración y en sus enseñanzas aliento y dirección. Sé que un día estaré con él para siempre en el cielo. Espero que encuentres en las palabras que escribo inspiración para creerle y seguirle.

  • Leer más: DIOS TODO LO PUEDE

    Mateo 19:26

    Todo es posible para Dios, todas las cosas son posibles para Él.
    Cuando Jesucristo resucita, cumpliendo su palabra de que había vencido a este mundo de pecado, Juan 16:33, y habiendo vencido a la muerte, dice que todo el poder divino es suyo tanto en el cielo como en la tierra; por tanto nada es imposible para Jesucristo en este mundo en el que nosotros vivimos. Ya él había demostrado, como ser humano en este mundo, su poder ejerciendo autoridad sobre la naturaleza, Mateo 8:27; la enfermedad, Mateo 8:3; los demonios, Mateo 8:31,32, y la muerte, Juan 11:43,44. Dios en su omnipotencia respondió con obras milagrosas a la vida y ministerio de Jesucristo, quien vivió en la voluntad del Padre, Marcos 14:36.

    Nosotros, los que hemos creído y hemos sido salvos, podemos vivir nuestra nueva vida en errores acerca de lo que Dios puede o no puede hacer por no conocer suficientemente la palabra de Dios y por no conocer suficientemente a Dios y el poder con el que Él puede hacer todas las cosas, Mateo 22:29. Jesucristo no ha cambiado, Hebreos 13:8, sigue teniendo todo el poder, y nos manda a vivir en su voluntad y a servirle en su voluntad, Juan 17:18, Mateo 28:18,19. Y es en esta vida y servicio en su voluntad y creyéndole que también recibiremos respuestas milagrosas, Marcos 9:23; Juan 14:12-14; 15:7,8.

    En el pasado Dios respondió con poder a sus siervos que estaban en comunión con él y vivían en su voluntad, 1º Reyes 18:15, 36-39; Jeremías 23:18,22; 33:3. Dios respondió con poder al servicio sacrificial del Hijo y Cordero de Dios. Y hoy también responderá con poder a la vida y ministerio de sus hijos y siervos que viven en su voluntad. Creemos que todavía hoy el reino de Dios consiste en poder, 1ª Corintios 4:20.

  • Leer más: PALABRA, CRECIMIENTO, Y DAR FRUTO

    Mateo 13:8-12;18-23

    Pareciera que estas palabras están al revés, porque nos gustaría que al que no tiene se le dé para que tenga. Pero Jesús se está refiriendo que no se le dará al que pudiendo tener no quiere tener lo que da el Señor, al que pudiendo entender no quiere entender, al que pudiendo creer no quiere creer. A estos aun lo que ya tienen de parte del Señor se les va a quitar porque no dan la debida importancia a lo que han recibido. Pero a los que creen y quieren seguir creyendo, a los que sirven y quieren seguir sirviendo, se les dará más para que continúen creciendo en fe y en servicio al Señor.
    Realmente lo que Jesús está diciendo es que quiere seguir abriendo las ventanas de los cielos y seguir derramando de sus riquezas celestiales.

    Cada palabra que sale de la boca de Dios es para nuestro crecimiento (Mateo 4:4). Cuando el Señor nos da una palabra es para cumplir en nosotros un determinado propósito, su designio, (Isaías 55:10,11). Cuando el Señor nos da una palabra es para que hagamos que lleve fruto.
    Cada palabra que sale de la boca de Dios es para cumplir su plan contigo. Y su plan es perfecto. Él siembra para que llevemos el máximo fruto posible, porque sería de locos pensar que un sembrador hace toda una inversión para luego no recoger ningún fruto y por tanto ir a la ruina.
    ¡No nos puede dar igual las palabras que el Señor está sembrando en nosotros!
    Lo que Dios nos da es lo de más alto valor.

    La Palabra del Señor que es sembrada en nosotros lleva fruto cuando:
    Ponemos atención a la palabra, la tomamos como la Verdad y le damos prioridad, para que se nos dé el saber los misterios del Reino de los Cielos, sus designios. Cada palabra viene para desvelar, para quitar una venda y que veamos.
    Cada palabra viene para enseñarnos de parte de Dios. Cuando vemos es cuando podemos caminar en su voluntad.
    Entendemos juiciosamente, aprendemos el significado correcto, hay una aceptación con nuestra mente; así el maligno no quitará el mensaje de nuestro corazón, así el enemigo no nos robará esa palabra. El enemigo cree, sabe que si la palabra es sembrada dará fruto. Por eso quiere robártela para que no sepas de Dios, de la esperanza que tienes, de los propósitos y obra de Dios contigo, de las riquezas que están a tu disposición, del poder de Dios en tu favor, (Efesios 1:17-19). La Palabra nos hace libres y el diablo quiere que sigamos siendo esclavos.
    Echamos raíces, profundizamos en lo aprendido y aprendemos más; recordamos lo que Dios nos habló; así permaneceremos firmes y no fracasaremos en la fe cuando vengan las pruebas o la persecución.
    Cuidamos que nada la ahogue, como la preocupación excesiva por las cosas de este mundo o el amor a las riquezas. Estas cosas frenan el plan de Dios y pueden parar la obra de Dios.

    La hacemos nuestra, tengo confianza en ella, la ponemos en práctica, actuamos en consecuencia a la palabra recibida. Permitimos que la Palabra nos transforme.

    ¡Entonces el Señor nos dará más!

    Pidamos al Señor que trabaje en nuestro corazón para hacerlo bueno, buena tierra, donde la palabra sea recibida y pueda dar fruto, y no un corazón engrosado, embotado, insensible, endurecido, cerrado (15).
    Pidamos perdón al Señor por las veces que hemos desobedecido su Palabra.
    Porque el Señor nos da poder pero también instrucciones para construirnos y usarnos, Mateo 10:1,5. Si seguimos sus instrucciones podremos ser usados con poder.
    Si obedecemos podremos ser llevados a niveles superiores.

    Mateo 13: 25 “vino su enemigo y sembró cizaña”. El Señor siembra en nosotros su buena palabra pero el enemigo también viene para sembrar su mala palabra. Es totalmente necesario permitir que la Palabra del Señor lleve fruto, nos haga madurar para así identificar las siembras del enemigo. Conozcamos, maduremos en la Palabra de Dios para discernir las mentiras del enemigo y decirle con rotundidad NO. Dios sembrará en ti para darte trigo y el enemigo sembrará en ti para darte cizaña. Efesios 4:13-15. El enemigo querrá confundirnos y arrastrarnos de la fe verdadera. Esto puede ocurrir si no maduramos en Cristo.
    Podemos distinguir la siembra del enemigo porque no será la Verdad de Cristo que en Amor de Cristo venga a edificar el cuerpo de Cristo.
    Podemos distinguir la siembra del enemigo porque la buena palabra dará buen fruto y la mala palabra dará mal fruto. La palabra del Señor siempre te llevará a parecerte a Jesús.
    También podemos distinguir la mala palabra por el fruto que está dando quien viene a sembrar esa palabra, Mateo 12:33. El diablo usa a personas para hacer su voluntad y sembrar mala semilla, Mateo 13:38,39.
    Podemos reconocer a estas personas porque trabajan para sí mismas, tienen apariencia de piedad pero no son verdaderamente espirituales. Y Podemos reconocer a los que vienen a sembrar de parte del Señor porque dan el fruto del Espíritu.

  • Leer más: DANDO BUEN TESTIMONIO DE JESÚS

    Hechos 2:47

    El Señor es quien añade a su iglesia, porque solo Jesucristo salva, no hay otro Salvador y no hay otra obra de salvación sino la de Jesucristo, Hechos 4:12. Es Dios quien da la fe salvadora, quien lleva al arrepentimiento, quien nos justifica y reconcilia consigo mismo, quien produce la regeneración y nos adopta como hijos dándonos una nueva vida. Esta es su obra y es un regalo para la humanidad que recibe quien cree, no es por méritos humanos, Efesios 2:4-9.

    Y los redimidos, los que hemos recibido misericordia, ahora damos testimonio de Jesús como nuestro único y suficiente Salvador. El Espíritu Santo está en nosotros y mora con nosotros y nos enseña, Juan 14:17; y nos inviste de poder de lo alto para que seamos testigos eficaces de Jesucristo, Lucas 24:49, Hechos 1:8. Nosotros damos testimonio y el Espíritu Santo da testimonio de Jesús, Juan 15:26,27. Tenemos que ser de buen testimonio a los que nos rodean para que reciban la verdad y luz del evangelio de Jesucristo por medio de la maravillosa obra del Espíritu Santo.

    Será con nuestro nuevo comportamiento a la imagen de Jesús; será con nuestras buenas obras que ya preparó el Señor para que anduviésemos en ellas; será con nuestras oraciones poderosas en su voluntad; y será con nuestras palabras con denuedo y sabiduría. Y el Espíritu dará testimonio, Juan 16:8, se revelará a los corazones, rompiendo la incredulidad y toda obra del enemigo, para que resplandezca Jesucristo en sus interiores, 2ª Corintios 4:3-6.

  • Leer más: EL MEJOR FUNDAMENTO PARA LA VIDA

    1ª Pedro 2:4-10

    Cuando la vida se tambalea, se desmorona, no avanza, o no se le encuentra mucho sentido, es necesario revisar los fundamentos y la edificación. Es hacerse la vieja pregunta ¿qué estoy haciendo con mi vida?
    Hay momentos en que no se puede dejar esta pregunta para más tarde y por supuesto hay momentos en donde esta pregunta necesita de una decisión.

    El mejor fundamento que puede poner una persona para construir su vida es Jesucristo, porque es el fundamento que viene de Dios y la buena noticia es que Dios quiere ponerte sobre ese fundamento. Lo da al que lo pide, al que lo busca, al que llama para que se le abra y poder entrar. Salmo 40:1,2.

    Ese fundamento es un fundamento para vida, no para condenación, no para esclavitud, no para miseria. Es el único fundamento sobre el que podemos asegurarnos la vida eterna (Juan 3:16), la vida en plenitud (Juan 10:10) y sobre el que podemos construir nuestra vida de forma segura y estable en este mundo (Mateo 7:24,25).

    El mundo nos ofrece edificar sobre otros fundamentos como por ejemplo el trabajo y el dinero, que son necesarios, pero no son el fundamento principal; o como por ejemplo poner la total confianza en otra persona, pero tampoco es el mejor fundamento porque las personas fallan.

    La persona que edifica su vida sobre Jesucristo no será avergonzada, no será defraudada.
    No será avergonzada porque si confiesa a Jesucristo delante de los hombres, Jesucristo lo confesará delante de Dios, así que no temerá por su salvación el día que se presente delante de Dios después de su muerte.
    No será avergonzada porque si edifica su vida sobre Jesucristo aunque pase por momentos difíciles, su vida no irá a la ruina.
    No será avergonzada porque aunque humanamente no haya producido riquezas, si fue de testimonio para Jesucristo habrá servido para llevar a gente al cielo, que es el mayor fruto y la mayor riqueza.

    No será defraudada porque aunque para los hombres edificar en Jesucristo sea una pérdida de tiempo y recursos, para el que cree es vida en plenitud.
    No será defraudada porque aunque en esta vida no vea la recompensa a todos sus esfuerzos, en la vida eterna tendrá las recompensas de parte de Dios.

    ¿Cómo pongo a Jesucristo como el fundamento de mi vida? Lo hago cuando creo en su persona y en su obra. ¿Cómo edifico mi vida sobre Jesucristo? Lo hago cuando obedezco su palabra, sus enseñanzas. Entonces es cuando mi vida es un sacrificio espiritual aceptable a Dios. Entonces es cuando estoy edificando mi vida como casa espiritual y sacerdocio santo. Cuando edifico obedeciendo su palabra estoy edificando como con oro, plata, piedras preciosas. Cuando edifico obedeciendo su palabra estoy edificando de tal manera que al ser probada la edificación, ésta permanecerá y recibiré recompensas, 1ª Corintios 3:11-14.

    Pero Dios no solo te habla de edificar personalmente, individualmente, también te habla de edificar la casa de Dios, el pueblo de Dios, la nación santa. Aquí está el secreto de la vida en plenitud: edificar tu vida y también colaborar con Dios en la edificación de su pueblo, Efesios 2:20-22. Dios te llama a salvación, luego a crecimiento espiritual y también te llama a colaborar.

  • Leer más: ESPERANZA CIERTA

    Juan 7:38,39

    Tenemos palabra de Dios para marcarnos el camino. Dios es bueno y misericordioso y no nos deja sin su palabra, sin su adecuada instrucción para el camino, para que sepamos lo que tenemos que hacer, Mateo 10:5.

    Cuando comenzamos un año o empezamos un proyecto, siempre ponemos en ello esperanza.
    Albergamos la esperanza de que nos vaya todo bien; algo utópico, pero que casi no podemos evitar pensar y soñar, en que vendrá un buen futuro para nuestro proyecto y para nuestra vida. Utópico porque no siempre salen las cosas bien.
    Quizás basamos nuestra esperanza en que podemos tener varias oportunidades en la vida. Pero debemos de ser conscientes de que conforme va pasando el tiempo también podemos ir dejando pasar las distintas oportunidades.
    Tal vez pensamos en que habrá genta a nuestro lado que seguro nos va a ayudar. Damos gracias por la ayuda que recibimos de las personas que están a nuestro lado, pero sabemos que todos tenemos límites para poder ayudar al otro.
    Y también confiamos en nosotros mismos, en nuestros propios recursos y capacidades. Nuestra fuerza; nuestra capacidad para pensar, estudiar; nuestra capacidad para perseverar; para formar alianzas. Pero las distintas adversidades de la vida y nuestras propias debilidades nos van diciendo que no siempre vamos a poder depender absolutamente de nosotros mismos.
    No está mal tener una adecuada perspectiva positiva de la vida. Pensar que podemos esforzarnos y conseguirlo es bueno. Pensar que encontraremos a alguien que nos pueda ayudar o alguien con quien formemos equipo, también es bueno. No podemos ir por la vida siendo unos pesimistas o derrotistas.

    Pero que ocurre con nosotros a quienes Jesucristo nos ha alcanzado en el camino de nuestra vida y hemos tomado la decisión de creerle. Cuando Jesucristo nos salva, pone en nosotros una perspectiva cierta de futuro. Él nos viene a decir que con él la esperanza es cierta, realmente más cierta que la que el mundo mismo nos da.
    Nosotros podemos fallar pero Jesús no. Nosotros no conocemos el futuro pero él sí.
    ¿En qué se basa esta esperanza cierta que Jesucristo nos da?
    Primero en que él ha vivido como nosotros; ha caminado por este mundo experimentando todos los sufrimientos y tentaciones y nos dice que los ha vencido.
    Así que él ya ha pasado por lo que yo voy a pasar, por eso me puede guiar y me puede ayudar.
    Juan 16:33 me está diciendo que en la vida en este mundo pasaremos por sufrimientos pero con mi fe puesta en él puedo esperar ciertamente que de alguna manera él me ayude. En relación con él, en comunión con él, podemos tener esperanza de recibir su ayuda poderosa.
    Segundo, la realidad de la esperanza en Jesús es que después de salvarnos no nos deja solos, Juan 14:16. Y a quien deja para vivir en nuestro interior es a alguien igual que él, de su misma esencia y poder, al Espíritu Santo. Jesús no nos deja solos, no nos deja huérfanos, nos da al Parakleto, al Ayudador. ¡Qué bueno que el Todopoderoso y Divino Ayudador vive en mí! ¡No está lejos! No tengo que ir a un determinado lugar para encontrarme con él.

    El ayudador vive en nosotros, en nuestro interior. Así que toda la ayuda que podemos esperar y vamos a recibir se cumplirá por medio de nosotros. Dios no lo va a hacer solo, sino que va a contar conmigo. Él espera que nosotros pongamos de nuestra parte. Él me va ayudar a esforzarme dándome las fuerzas. Él me va a ayudar a pensar correctamente dándome bondad y sabiduría. Él me va a ayudar a alcanzar mis metas capacitándome para que yo haga la tarea. Su palabra y promesas se van a cumplir por medio de mí.
    Incluso le podemos pedir ayuda para vencer nuestras debilidades y así poder perseverar en nuestras tareas y proyectos.
    El Señor no quiere que seamos marionetas en sus manos, pero sí instrumentos en sus manos.

    El Espíritu vive en mí pero también estará conmigo. Estará en todo lo que me rodea, en cada momento y situación. Vendrá conmigo para tomar el control de mis circunstancias. Me defenderá de mis enemigos, abrirá el camino delante de mí, abrirá puertas que se cierran o cerrará puertas para que yo no transite por ese camino si no fuera el adecuado.
    Hay situaciones que para nosotros serán imposibles de afrontar o a quien tenemos por delante es más fuerte que nosotros. Pero debemos de saber y confiar en que nada ni nadie es mayor que el Espíritu Santo.

    Y además de estar en nosotros y con nosotros, está sobre nosotros.
    Los discípulos no fueron a hacer las tareas que Jesús les había encomendado hasta que fueron capacitados por el Espíritu Santo, hasta que el Espíritu Santo vino sobre ellos invistiéndolos de poder de lo alto.
    El Espíritu Santo me capacitará con recursos que no son humanos sino divinos; son su poder y los dones espirituales. Me ayudarán a servirle con eficacia y me harán dar fruto en mis tareas.
    Las tareas humanas se harán con recursos humanos, las tareas divinas se harán con recursos divinos.

    La victoria de Jesucristo sobre el mundo y la ayuda del Espíritu Santo es lo que me hacen tener una esperanza cierta.
    El Espíritu Santo fue llamado por Jesús Río de Agua de Vida. Y cuando leo sobre ríos de aguas de vida en el Salmo 1, entiendo que el Espíritu Santo viene para regarnos y hacer de nosotros árboles bien plantados, de raíces profundas, fuertes, que no se secan en los periodos de sequías y que dan fruto. Con el Espíritu Santo estableceremos proyectos, haremos nuestras tareas y alcanzaremos objetivos. Y todo esto si nos dejamos regar por las corrientes de aguas que simbolizan la presencia y la ayuda del Espíritu Santo y nuestra relación perseverante con él. ¡El Espíritu Santo quiere que nos salgan bien las cosas!

    Pidamos al Señor que su Río de Vida aporte vida donde la estamos necesitando.

    Esta esperanza se hace realidad en nosotros si mantenemos nuestra relación con él.
    Tenemos que dedicarnos a la oración, por medio de la cual le pedimos en nuestra necesidad, le pedimos perdón por nuestros errores, le damos gracias por la ayuda recibida, ponemos nuestro futuro en sus manos.
    Y tenemos que dedicarnos a meditar en su palabra y pedirle que nos ayude a obedecerla, a llevarlas a la práctica.

    ¡Pongamos nuestra esperanza en Jesucristo!

  • Leer más: FE EFICAZ

    Mateo 17:20

    La fe eficaz es la fe que cree a Dios, cree en quien es y en lo que puede hacer, por esto para esta fe nada es imposible y alcanza respuestas de Dios, Marcos 9:23. No es una fe basada en lo que podemos hacer sino en lo que Dios puede hacer. Y aun cuando no llegaren las respuestas sigue creyendo a Dios.

    Es la fe que viene de Dios mismo (Efesios 2:8), es Dios quien la pone en nuestro corazón. Y se produce y va creciendo en nuestra comunión con Jesucristo, porque de él viene la fe de Dios y él la perfecciona, Hebreos 12:2. La fe de Dios la cultivamos en nuestra vida de oración, Marcos 11:24; y sabemos que necesitamos la ayuda del Espíritu Santo de Dios para creer, Marcos 9:24.

    Es la fe que tiene entendimiento de la voluntad de Dios y pide y espera conforme a esa voluntad, Marcos 14:36; 1ª Juan 5:14,15. A pesar de las necesidades no es una fe egoísta, Santiago 4:3. Es la fe que conoce que Dios es justo y hace justicia y por eso persevera en lo que pide, Lucas 18:7,8.

    Es la fe que pide porque confía que Dios escucha y va a responder, Marcos 11:23, y espera la respuesta de Dios porque sabe que nada es imposible para Dios, Marcos 10:27.

    Es la fe que no teme enfrentar los obstáculos del propio corazón para así quitar todo lo que pueda impedir que venga la respuesta del Padre Celestial, Marcos 11:25,26.

  • Leer más: ORACIÓN PERSEVERANTE

    Lucas 1:13; Daniel 10:12

    Leamos también: Lucas 1:6; Santiago 5:13-18; Juan 9:31, 2º Crónicas 7:14,15.

    A. Corremos un gran riesgo si no perseveramos en la oración:
    Mateo 26:39-41. Sin orar somos blanco fácil del pecado y no podremos afrontar adecuadamente los momentos difíciles en el servicio.
    Jeremías 10:21. Sin orar también sufrirán aquellos que están bajo nuestra responsabilidad.

    B. Es Dios quien nos llama a comunicarnos con EL como prioridad en nuestro servicio en el Reino:
    Isaías 56:7. El acepta la oración, la comunicación.
    El deseo de Dios es la comunión: Mateo 21:13.
    La obra redentora de Jesús es el restablecimiento de esa comunión: 2ª Corintios 5:18.

    C. Oraciones de líderes por el pueblo de Dios:
    Samuel: 1º Samuel 7:9
    Salomón: 1º Reyes 9:3
    Elías: 1º Reyes 18:37
    Ezequías: 2º Reyes 19:19
    Josafat: 2º Crónicas 18:31
    Esdras: Esdras 8:23

    D. El liderazgo en la iglesia en el libro de los Hechos constituye un ejemplo a seguir en la oración. Fue el recurso utilizado para avanzar en medio de toda resistencia:
    Es el canal para la provisión del poder capacitador de lo alto: Hechos 1:14; Hechos 2 y Hechos 4:23-33.
    Abre nuestra visión a las oportunidades de Dios: Hechos 3 La sanidad del paralítico y la conversión de los cinco mil.
    Trae juicio contra los enemigos del avance del Reino de Dios: Hechos 12.
    Provee adecuadamente de obreros: Mateo 9:38; Lucas 6:12,13.