No solo de pan

Bienvenido a mi blog. De forma sencilla puedo decirte que para mí Jesucristo es la vida. Siempre le estaré agradecido por el día en que llegó a mi vida y me ayudó a creerle. Cada día encuentro en la oración y en sus enseñanzas aliento y dirección. Sé que un día estaré con él para siempre en el cielo. Espero que encuentres en las palabras que escribo inspiración para creerle y seguirle.

  • Leer más: HAY QUE MIRAR ADELANTE

    Hebreos 12:1,2

    El cristiano siempre está llamado a mirar adelante, aun cuando pueda estar sufriendo por causa de su fe. Aun cuando sabe que todavía no alcanzó la plena madurez y le falta, aun cuando no se alcanzaron los objetivos en el reino; pero no se rinde, sino que arregla lo que está deteriorado y recobra esperanzas para seguir adelante, Filipenses 3:12-14.
    La única mirada al pasado es para recordar con fe la obra salvadora de Jesucristo por la que recibimos todo lo que necesitamos, desde el perdón a la sanidad y libertad, hasta lo provisión necesaria, “haced esto en memoria de mí” Lucas 22:19.

    En Jesucristo siempre encontraremos los recursos necesarios para poder continuar en la carrera de la fe hasta llegar al final, porque todo lo podemos en Cristo que nos da las fuerzas, Filipenses 4:13. De su plenitud, a la que estamos llamados a vivir y a aspirar (Colosenses 2:9,10), podemos recibir lo necesario como ya nos señaló el profeta Isaías (Isaías 40:29-31), plenitud de la que se nos enseña en Apocalipsis 5:10-13.

    No es una mirada vacía de contenido porque delante se encuentra la vida eterna que se nos ha dado por medio de la obra salvadora de Jesucristo (Juan 3:16). Pero también delante se encuentran el cumplimiento de sus promesas, 2ª Pedro 1:3-8.
    Y no es una mirada ilusoria, porque Cristo nos dará las fuerzas para que nosotros nos esforcemos en añadir a nuestra nueva vida como hemos leído en este pasaje de 2ª Pedro 1:3-8. Estamos llamados a esforzarnos en la gracia para vivir la vida abundante y plena en Jesucristo (2ª Timoteo 2:1-7).

    Hay muchos testigos que ya alcanzaron la meta, testigos que lejos de suponernos una condenación, nos suponen un ejemplo de aliento por cuanto ellos también estaban sometidos a las mismas presiones que nosotros y aún mayores, experimentando muchos el hambre, la soledad, la persecución, la cárcel, la tortura y aun la muerte. Pero no dejaron de creer y saludar las promesas.

    No miremos atrás sino miremos a Cristo que va con nosotros y va delante de nosotros.

  • Leer más: EL BAUTISMO EN AGUA

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  • Leer más: SIN RESPUESTA

    2ª Corintios 13:14

    Hay momentos de mucha necesidad donde oramos y esperamos recibir una respuesta poderosa de parte de Dios y esa respuesta no llega en la forma y tiempo que nosotros entendemos que tiene que llegar.
    Entonces quizás surgen preguntas. Preguntas que no son nuevas, llevan mucho tiempo en la humanidad y también entre los mismos creyentes. Una de esas preguntas, y quizás pudiera ser la más inquietante es ¿por qué Dios no me responde? o también ¿le importa a Dios mi sufrimiento?

    No es fácil encontrar la respuesta perfecta a estas preguntas. Y aun las respuestas que podamos encontrar quizás no sean del todo satisfactorias, especialmente cuando estamos sufriendo mucho. Pero podemos tomar decisiones que seguro nos ayudarán a mantener la fe y a mantener la esperanza de recibir respuestas de Dios.

    Es la decisión de seguir creyendo que Dios es amor, me ama y por medio de mi fe, aun con dudas, no deja de ser mi Padre Celestial. Soy su hijo y a él puedo seguir clamando como mi Abba, mi Papá (Gálatas 4:6). Puedo decidir seguir creyendo la palabra de Dios que por medio del profeta Isaías dijo que el oído de Dios no se había cerrado para oír ni su mano para salvar (Isaías 59:1). Y que por medio de nuestro Salvador y Señor Jesucristo nos dice que podemos estar en secreto con el Padre que sabe las necesidades que tenemos (Mateo 6:6-8).

    Es la decisión de seguir creyendo que por medio de Jesucristo he recibido la gracia salvadora de Dios y pase lo que pase he sido librado de la condenación y de vivir eternamente separado de Dios y tengo un lugar en el cielo en su presencia. Jesús ha vencido al mundo con su pecado, su maldad y sus sufrimientos y en comunión con él puedo tener paz (Juan 16:33). Puedo confiar que Jesús, a pesar de mi tormenta, está al control, y siempre él sabe lo que hay que hacer.

    Es la decisión de mantener mi comunión con el Espíritu Santo para poder experimentar su presencia, consuelo y ayuda. Él me enseñará y ayudará a orar para no perder la paz en medio de mi circunstancia adversa (Filipenses 4:6,7) y mi corazón de fe sea guardado de toda herida y mentiras. Y también me guiará en obediencia a su Palabra para que, no solo tenga la paz en un determinado problema, sino el Dios que me da paz en toda mi vida esté tomando el control (Filipenses 4:8,9).

    Creo profundamente que cuando no llegan las respuestas es el tiempo de confiar en el Amor del Padre, la Gracia del Hijo y la Comunión del Espíritu Santo.

  • Leer más: JESUCRISTO CONSTRUYE TU VIDA

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  • Leer más: FUTURO

    Mateo 4:19,20

    Cuando Jesús llamó a hombres a seguirle y que fueran sus discípulos, les dijo lo que serían, el trabajo que él haría con ellos y el tipo de vida con la que estaban siendo llamados a comprometerse. Jesús les estaba mostrando el futuro que tenía para ellos, el propósito en el que vivirían. No solo los llamó para que fueran salvos y tener vida eterna, sino para que mientras tenían vida en este mundo la tuvieran nueva en Dios y vivida con propósito de Dios (Juan 10:10).

    Quien fue rey del pueblo de Dios, David, dijo que el Señor cumpliría su propósito en él (Salmo 138:8). Conocía la misericordia de Dios para ayudarlo aun en su peores errores y fracasos; su fidelidad inquebrantable con su palabra y perfectos planes; y su imbatible poder.
    Dios cumplió su plan con David y no se pudo interponer en contra ningún hombre. David no era en su familia el hermano más apreciado, sin embargo a pesar de no ser tenido en cuenta, Dios si contó con él para que el profeta Samuel lo ungiera como rey. Su preparación fue la de pastorear las ovejas de la familia, sin embargo desde ese lugar apartado Dios lo preparó y lo llamó. Ni incluso el rey Saul, que intentó matar varias veces a David, pudo detener el plan de Dios de que David fuera rey.

    ¡Dios tiene un plan contigo, y cumplirá su propósito en ti! ¡Y no abandonará la obra de sus manos, que eres tú!

    Jesús no solo les mostró el propósito que tenía para con ellos, sino que les dijo que él mismo estaría trabajando en ellos para que alcanzaran su destino.
    Por un lado trabajaría para contrarrestar los aspectos negativos en sus vidas y carácter, que indudablemente si no eran debidamente tratados estropearían el divino plan.
    Ayudó a Pedro en los momentos de dudas, como cuando caminando sobre las aguas dudó, tuvo miedo y se hundió (Mateo 14:28-32). Lo ayudó a ser libre cuando fue tentado por el diablo para no entender y caminar conforme al plan de redención (Mateo 16:22,23). Y lo ayudó a superar sus pecados y fracasos, como cuando lo negó (Juan 21:15-17). Ninguno de estos aspectos negativos del carácter de Pedro pudieron impedir que Jesús trabajara con él para llevar a delante su plan de que pastoreara sus ovejas.

    Y por otro lado trabajó para sembrar y potenciar en ellos las verdades y capacidades necesarias para ir alcanzando los distintos objetivos que los encaminarían en su propósito.
    Les enseñó con su ejemplo el adecuado carácter necesario para caminar con la presencia de Dios en el plan divino. Les dio verdades del reino de Dios que los capacitarían con inteligencia y sabiduría espirituales para los muchos desafíos ante las culturas, filosofías y religiones. Les llevó a vivir experiencias que harían crecer su fe y les prepararían para ofrecer recursos y soluciones a las distintas necesidades de la gente.

    Jesús no los iba a dejar solos ante la gran empresa de vivir conforme a su plan (Mateo 28:20). No los dejaría desprovistos de lo necesario (Mateo 10:1,5). Y los investiría con el mismo poder con el que él vivió y actuó (Hechos 1:8).
    El apóstol Pablo que vivió en el propósito de Dios sabía de la misericordia y fidelidad de Dios y dijo: Filipenses 1:6.

    Jesús también les dijo que en su propósito y futuro que tenía para ellos, ellos tendrían que esforzarse; no todo el trabajo lo haría él, tenían que seguirle, y lo hicieron. Pero ¿qué significaba seguirle?
    Cuando Pedro, ya de mayor, les escribe a los creyentes, nos enseña en qué tenemos los creyentes que esforzarnos y perseverar para caminar en el propósito y planes de Jesús y no perdérnoslos.
    Nos dice que tenemos que caminar agarrados a la palabra de Dios como el que se agarra fuertemente a una linterna en un camino totalmente oscuro (2ª Pedro 1:19); porque la palabra de Dios es el recurso seguro para alumbrar el camino y evitar que caigamos o nos perdamos. También nos enseña que solamente nutridos de la palabra de Dios es que podremos crecer en los planes de Dios (1ª Pedro 2:2).
    También nos dice que si queremos el futuro de Dios entonces no podemos estar caminando alejados de él por causa de nuestra forma mundana de vivir, sino que tenemos que vivir en santidad, renunciando a toda maldad, (1ª Pedro 1:13-17; 3:10-12).

  • Leer más: NECESITO QUE SEAS MI PAZ

    Juan 14:27

    Sí, Jesús, te necesito; necesito que seas mi paz, paz verdadera. La que viene de ti, y no es frágil sino poderosa. La que es capaz de actuar en mí y en mi derredor. La paz que toma el control.

    La paz que es mi descanso. Sana mis heridas, rompe la frustración y renueva mis fuerzas.

    La paz que es mi reposo. Para y quita la presión, me ayuda haciendo ligera mi carga, hace el milagro en la necesidad.

    La paz que es mi esperanza. Me devuelve el gozo y el deseo. Me lleva a mirar con fe mi futuro porque está en tus manos.

    Tú eres el Dios de paz, tú eres mi Dios.
    Filipenses 4:9. Enséñame a confiar en ti y esperar en tu misericordia y gracia.
    Enséñame a orar conforme a tu voluntad. Moldea mi vida, todo mi ser, mis pensamientos y mi voluntad, conforme a tu palabra.
    Tú Jesucristo eres mi paz.

  • Leer más: LA FE QUE TE SALVA

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