ESPERANZA CIERTA

 Juan 7:38,39

Tenemos palabra de Dios para marcarnos el camino para este nuevo año. Dios es bueno y misericordioso y no nos deja sin su palabra, sin su adecuada instrucción para el camino, para que sepamos lo que tenemos que hacer, Mateo 10:5.

Cuando comenzamos un año o empezamos un proyecto, siempre ponemos en ello esperanza.
Albergamos la esperanza de que nos vaya todo bien; algo utópico, pero que casi no podemos evitar pensar y soñar, en que vendrá un buen futuro para nuestro proyecto y para nuestra vida. Utópico porque no siempre salen las cosas bien.
Quizás basamos nuestra esperanza en que podemos tener varias oportunidades en la vida. Pero debemos de ser conscientes de que conforme va pasando el tiempo también podemos ir dejando pasar las distintas oportunidades.
Tal vez pensamos en que habrá genta a nuestro lado que seguro nos va a ayudar. Damos gracias por la ayuda que recibimos de las personas que están a nuestro lado, pero sabemos que todos tenemos límites para poder ayudar al otro.
Y también confiamos en nosotros mismos, en nuestros propios recursos y capacidades. Nuestra fuerza; nuestra capacidad para pensar, estudiar; nuestra capacidad para perseverar; para formar alianzas. Pero las distintas adversidades de la vida y nuestras propias debilidades nos van diciendo que no siempre vamos a poder depender absolutamente de nosotros mismos.
No está mal tener una adecuada perspectiva positiva de la vida. Pensar que podemos esforzarnos y conseguirlo es bueno. Pensar que encontraremos a alguien que nos pueda ayudar o alguien con quien formemos equipo, también es bueno. No podemos ir por la vida siendo unos pesimistas o derrotistas.

Pero que ocurre con nosotros a quienes Jesucristo nos ha alcanzado en el camino de nuestra vida y hemos tomado la decisión de creerle.
Cuando Jesucristo nos salva, pone en nosotros una perspectiva cierta de futuro. Él nos viene a decir que con él la esperanza es cierta, realmente más cierta que la que el mundo mismo nos da. Nosotros podemos fallar pero Jesús no. Nosotros no conocemos el futuro pero él sí.
¿En qué se basa esta esperanza cierta que Jesucristo nos da?
Primero en que él ha vivido como nosotros; ha caminado por este mundo experimentando todos los sufrimientos y tentaciones y nos dice que los ha vencido.
Así que él ya ha pasado por lo que yo voy a pasar, por eso me puede guiar y me puede ayudar.
Juan 16:33 me está diciendo que en la vida en este mundo pasaremos por sufrimientos pero con mi fe puesta en él puedo esperar ciertamente que de alguna manera él me ayude. En relación con él, en comunión con él, podemos tener esperanza de recibir su ayuda poderosa.
Segundo, la realidad de la esperanza en Jesús es que después de salvarnos no nos deja solos, Juan 14:16. Y a quien deja para vivir en nuestro interior es a alguien igual que él, de su misma esencia y poder, al Espíritu Santo. Jesús no nos deja solos, no nos deja huérfanos, nos da al Parakleto, al Ayudador. ¡Qué bueno que el Todopoderoso y Divino Ayudador vive en mí! ¡No está lejos! No tengo que ir a un determinado lugar para encontrarme con él.

El ayudador vive en nosotros, en nuestro interior. Así que toda la ayuda que podemos esperar y vamos a recibir se cumplirá por medio de nosotros. Dios no lo va a hacer solo, sino que va a contar conmigo. Él espera que nosotros pongamos de nuestra parte. Él me va ayudar a esforzarme dándome las fuerzas. Él me va a ayudar a pensar correctamente dándome bondad y sabiduría. Él me va a ayudar a alcanzar mis metas capacitándome para que yo haga la tarea. Su palabra y promesas se van a cumplir por medio de mí.
Incluso le podemos pedir ayuda para vencer nuestras debilidades y así poder perseverar en nuestras tareas y proyectos.
El Señor no quiere que seamos marionetas en sus manos, pero sí instrumentos en sus manos.

El Espíritu vive en mí pero también estará conmigo. Estará en todo lo que me rodea, en cada momento y situación. Vendrá conmigo para tomar el control de mis circunstancias. Me defenderá de mis enemigos, abrirá el camino delante de mí, abrirá puertas que se cierran o cerrará puertas para que yo no transite por ese camino si no fuera el adecuado.
Hay situaciones que para nosotros serán imposibles de afrontar o a quien tenemos por delante es más fuerte que nosotros. Pero debemos de saber y confiar en que nada ni nadie es mayor que el Espíritu Santo.

Y además de estar en nosotros y con nosotros, está sobre nosotros.
Los discípulos no fueron a hacer las tareas que Jesús les había encomendado hasta que fueron capacitados por el Espíritu Santo, hasta que el Espíritu Santo vino sobre ellos invistiéndolos de poder de lo alto.
El Espíritu Santo me capacitará con recursos que no son humanos sino divinos; son su poder y los dones espirituales. Me ayudarán a servirle con eficacia y me harán dar fruto en mis tareas.
Las tareas humanas se harán con recursos humanos, las tareas divinas se harán con recursos divinos.

La victoria de Jesucristo sobre el mundo y la ayuda del Espíritu Santo es lo que me hacen tener una esperanza cierta.
El Espíritu Santo fue llamado por Jesús Río de Agua de Vida. Y cuando leo sobre ríos de aguas de vida en el Salmo 1, entiendo que el Espíritu Santo viene para regarnos y hacer de nosotros árboles bien plantados, de raíces profundas, fuertes, que no se secan en los periodos de sequías y que dan fruto. Con el Espíritu Santo estableceremos proyectos, haremos nuestras tareas y alcanzaremos objetivos. Y todo esto si nos dejamos regar por las corrientes de aguas que simbolizan la presencia y la ayuda del Espíritu Santo y nuestra relación perseverante con él. ¡El Espíritu Santo quiere que nos salgan bien las cosas! Pidamos al Señor que su Río de Vida aporte vida donde la estamos necesitando.

Esta esperanza se hace realidad en nosotros si mantenemos nuestra relación con él.
Tenemos que dedicarnos a la oración, por medio de la cual le pedimos en nuestra necesidad, le pedimos perdón por nuestros errores, le damos gracias por la ayuda recibida, ponemos nuestro futuro en sus manos.
Y tenemos que dedicarnos a meditar en su palabra y pedirle que nos ayude a obedecerla, a llevarlas a la práctica.

¡Pongamos nuestra esperanza en Jesucristo!

Entradas populares de este blog

EL ÚNICO QUE SACIA DE VERDAD

UN DESCANSO REVITALIZADOR

CRECE POR GRACIA