UNA NUEVA OPORTUNIDAD

 Ezequiel 37:1-12

Los huesos secos representaban la muerte de la esperanza. Se habían acabado las oportunidades para la vida.
Cuando no hay esperanza tampoco hay ánimo para levantarse y luchar. La falta de esperanza apaga las fuerzas que tengamos para levantarnos y caminar. La falta de esperanza oscurece las ideas para abrir un nuevo camino.

Pero el final de la esperanza del hombre no es el final de la esperanza para Dios. Dios puede y quiere intervenir por medio de su palabra y de su Espíritu, y darnos una nueva oportunidad. Ni la muerte puedo vencer a Jesucristo, al contrario él venció al mundo. Y esa victoria nos la transfiere a nosotros por medio de la fe.

Primero interviene la palabra de esperanza y de vida (versículo 5). Palabra que hay que recibir por fe y proclamar con fe. Palabra que nos declara nuestra realidad pero a la vez nos señala un nuevo futuro. Palabra de poder que inicia y lleva a cabo la obra conforme a la voluntad de Dios, Isaías 55:11.

Luego el Espíritu da vida. Cuando el Espíritu sopló, el cementerio se convirtió en un ejército. La obra del Espíritu restauró lo dañado y seco; creó lo que no había y dotó de nuevas fuerzas y capacidades.

Hoy Dios nos puede levantar de nuestro estado de muerte, inactividad, indiferencia, incredulidad, postración, esclavitud, para convertirnos en parte de su ejército de servidores. Él nos dará lo que no tenemos y nos hace falta para el nuevo caminar.

Cree su palabra y encomienda tu vida y situación al Espíritu Santo. Nada es imposible para Dios.

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