DIOS NOS HABLA PARA VIVIFICARNOS
Mateo 13:9-23
La palabra del Señor es enviada para ser recibida por nosotros y que produzca, produzca salvación. El Señor nos habla para que nos volvamos a él y sanarnos por completo, alma, cuerpo y espíritu. Envía su palabra para que produzca en nosotros su voluntad, que es lo perfecto y lo bueno. ¡Dios nos habla para vivificarnos!
Jesús dijo: “el que tiene oídos para oír, oiga.”. Cada palabra que el Señor nos da es una oportunidad para ser vivificados, Eclesiastés 9:11, Salmo 119:25.
Por esto el primer llamamiento que nos hace por su palabra es volvernos a él. De nuestra forma de pensar, actuar y vivir, a la suya. Es volvernos a su voluntad, a su palabra, es recibir su palabra.
El marco adecuado para recibir la palabra es prestarle atención y poner entendimiento; y luego disponernos para creerla y obedecerla.
En primer lugar se trata de no ofrecer rechazo, “viendo no ven, y oyendo no oyen” Mateo 13:13; y mostrar interés, dar valor, a lo que se está recibiendo; es dar cabida a la palabra, permitir que encuentre un lugar en nosotros, “el corazón de este pueblo se ha engrosado” Mateo 13:15.
Luego es hacer el esfuerzo, todo lo posible, por entender y obtener significado de la palabra que se está recibiendo, “entienden” Mateo 13:13. Es meditar en la palabra recibida hasta que esa palabra está hablando directamente a nuestra persona y circunstancias.
Y entonces, se trata de tener presente la palabra para aplicarla en las distintas decisiones que tomamos en el caminar, “y se conviertan” Mateo 13:15.
La calificación para aquella persona que hace así es de bienaventurada. Es declarada dichosa, feliz. Dios declara un estado para esta persona que por sí misma no puede alcanzar, “pero bienaventurados” Mateo 13:16.
Lo que Dios envía por medio de su palabra es lo que pertenece al cielo, “misterios del reino de los cielos” Mateo 13:11, no es terrenal ni humano, aunque viene a la persona para ser puesta en práctica en este mundo, ¡pero lo que se nos da es divino! Dios se da a conocer a nosotros, su persona, su obra, aún el futuro.
La palabra que es enviada contiene poder divino, riquezas celestiales y dirección, para hacer la obra de Dios conforme a su voluntad; viene con el potencial del cielo. Es como la semilla de mostaza que contiene todos los recursos necesarios, toda la información, para que llegue a ser una gran hortaliza. Solo necesita la tierra adecuada.
Lo maravilloso es que su palabra es posible, es decir no es inalcanzable, viene dada para poder ser entendida, creída y obedecida.
La palabra que recibimos tiene cuatro ámbitos de actuación.
Primero. Es enviada para convertirnos, “y se conviertan” Mateo 13:15. La palabra nos vuelve a Dios. Si le damos lugar nos llevará a la correcta relación con Dios.
Pero también, “y se conviertan”, nos está hablando, a los que mantenemos una relación con Dios, de cambio de posición. La palabra viene para llevarnos a un posicionamiento distinto del que estamos, viene a cambiar en nosotros el estado actual de las cosas. Las saca del estado carnal y mundano y les da la vuelta poniéndolas en un estado espiritual.
Produce transformación. Traslada la situación de ser afectada por el mundo a afectar al mundo.
Segundo. Es enviada para hacernos bien, “Y yo los sane” Mateo 13:15. La palabra llega a nosotros para producir en efecto sanador. Sana lo que está enfermo. Restaura lo deteriorado para darle esplendor original.
Liberta lo cautivo para darle verdadera libertad. Endereza lo torcido para llevarlo por el buen camino. La palabra viene para sacarnos del estado de miseria espiritual en el que podamos estar viviendo. La palabra trae consigo la buena voluntad de Dios y las buenas cosas que Dios quiere darnos.
Tercero. Es enviada para producir un fruto, “dio fruto” Mateo 13: 8.
Separados de él nada podemos hacer. Es unidos a él, aferrados a su palabra, que nuestra vida será fructífera. No solo nos hace bien a nosotros, nos provee de buenas cosas para nosotros, sino que viene a proveernos para hacer bien a otros. La palabra nos transforma en personas altruistas, benefactoras, hacedores de bien. La palabra viene para colocarnos en un lugar que Dios ha preparado y ahí realicemos una función para el bien del prójimo.
Cuarto. Nos prepara para un nivel espiritual superior, “a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más” Mateo 13:12. La palabra viene para darnos, probar nuestra fidelidad y así prepararnos para poder recibir más de Dios.
Dios tiene un plan de crecimiento para nosotros. Cada vez que recibimos su palabra estamos poniéndonos en el nivel adecuado para poder acceder a un nivel superior de conocimiento, capacitación, y fruto.