PROTEGIDOS EN SUS DIVINAS MANOS

 1ª Pedro 5:6
“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte
cuando fuere tiempo”.

Su mano, su brazo, es poderoso para levantarnos, para protegernos.
Su voluntad se cumple de su poderosa mano, él es fiel y todopoderoso.
Pero es necesario que nos humillemos y nos pongamos bajo su cobertura para que podamos recibir la ayuda del Señor.

Es posible la ayuda de su poderosa mano, porque Jesús ya venció a este mundo.
Sus brazos fueron extendidos sobre la cruz y sus manos fueron clavadas al madero. Allí sus brazos y manos soportaron y llevaron todo el peso de nuestros pecados y necesidades. Allí sus manos vencieron, despojaron y humillaron al enemigo.
Después de su victoria en la cruz, él se sentó a la diestra del poder de Dios para gobernar. La obra de su mano hizo que todo quedará bajo sus pies.

Su mano nos levanta cuando tropezamos y caemos, cuando hemos sucumbido a la seducción del pecado. Pero él es fiel y justo y no dejará caído al justo, Proverbios 24:16 comparado con Salmo 91:12.

Su mano nos levanta y nos saca de las situaciones que han podido más que nosotros, nos han causado daño y nos han mantenido presos, Salmo 63:8; 55:22 y 40:1,2.

Su mano nos levanta por encima del enemigo y podemos derrotarlo y caminar en victoria, Éxodo 15:6; Deuteronomio 33:27; Salmo 18:34-39.

Su mano nos levanta hacia las alturas, hacia niveles más altos de comunión, unción y servicio, Isaías 41:9,10; Salmo 44:3; Salmo 18:33,35.

Su mano nos ha tomado y nos guiará en todo momento y situación, Salmo 139:10; y nadie nos arrebata de sus manos, Juan 10:28.

Pero es necesario que nos humillemos.
Humillarse viene de la palabra humus que significa tierra. Es ponerse en el lugar bajo, y no subirse a uno mismo; no subirnos como si fuéramos dioses sino ponernos bajo Dios.

Es reconocer que él es Dios, en todos los sentidos, y no nosotros.
Todo la sabe, del pasado, presente y futuro, nosotros no; nuestra inteligencia no lo ve todo y no alcanza todo. Todo lo puede, nosotros no; nuestras fuerzas no pueden impulsar todo y se gastan. No tiene límites, nosotros somos limitados; solo él es sempiterno y solo él es infinito. Es reconocer que sin él nada somos, nada tenemos y nada podemos.
Es entregarse voluntariamente para estar bajo su cobertura; bajo su protección, pero también bajo su voluntad. Es no tener que esperar al punto de rendirnos porque alguna circunstancia nos ha obligado. Es reconocer que su camino siempre será mejor que el nuestro. Es pedir su ayuda no solo en la necesidad sino para obedecerle.
Es vivir agradecidos.
Es disponernos para servirle porque reconocemos su señorío y majestad.
Es saber y creer que él es Bueno. Es nuestro Padre Celestial que ciertamente cuida de nosotros. Esperar confiadamente que de alguna manera y en su momento llegará su ayuda.

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